"EL OSO GRUÑÓN"
En este cuento se trabajarán la emoción de la rabia y el enfado. Este cuento infantil forma parte de la colección "Cuentos para sentir" de la editorial SM; y está escrito por Begoña Ibarrola.
El cuento trata sobre un oso que siempre ha sido bueno con todos los animales del bosque, pero que un día empieza a portarse mal y a asustar a todos esos animales. Debido a esta situación, los animales del bosque deciden realizar una reunión en la cual tratan el tema para ver como pueden ayudar al oso Raposo.
Aquí os dejamos el cuento completo para que podáis trabajarlo con vuestros hijos cuando estén enfadados.
- ¡No te acerques que soy muy peligroso!
– rugía el oso Raposo cuando los cervatillos pasaban por el bosque cerca de su
cueva.
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Y todos salían muy asustados.
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- ¿Por qué corréis? – les preguntaban
sus padres los ciervos grandes.
- Porque el oso Raposo nos ha lanzado terribles rugidos cuando hemos pasado cerca de su cueva, y nos ha dicho que es muy peligroso acercarse a él.
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- Porque el oso Raposo nos ha lanzado terribles rugidos cuando hemos pasado cerca de su cueva, y nos ha dicho que es muy peligroso acercarse a él.
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Los ciervos grandes se
miraban entre sí y meneaban la cabeza, sin entender muy bien lo que estaba
pasando.
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- ¿Peligroso el oso Raposo? Algo
le debe pasar, nunca nos ha atacado, ha compartido con nosotros su comida,
cuando éramos pequeños hemos jugado con él: se revolcaba por el suelo y
nosotros le hacíamos cosquillas y era muy simpático y cariñoso…
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Así que los ciervos decidieron convocar
una reunión urgente con los otros animales del bosque para averiguar entre
todos lo que le pasaba al gran oso.
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Los demás animales del bosque acudieron
preocupados, pues a sus crías también les rugía y todos estaban muy asustados.
El animal más anciano habló:
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- Algo muy serio le tiene que pasar para
que esté tan enfadado y tenemos que averiguarlo. El bosque siempre ha sido un
lugar tranquilo, donde todos nos queremos y ayudamos. Sabemos que enfadándonos
no se resuelven los problemas.
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Eligieron a la ardilla y a la lechuza
para ir a hablar con él y enterarse de cuál era el problema: a la ardilla la
eligieron porque era la más rápida y ante un verdadero peligro podía salir
corriendo como un rayo, y la lechuza, si las cosas se ponían feas, podía salir
volando, así que no había peligro para ninguna de las dos.
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Al día siguiente fueron a verle.
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- ¿Quién anda ahí? – se
oyó la voz fuerte y amenazadora del oso Raposo -. No os acerquéis que soy
peligroso – gritó el oso.
- Somos tus amigos del bosque, la
ardilla y la lechuza.
- ¿Y a qué venís? ¿No sabéis que puedo haceros daño?
- Venimos en nombre de todos los animales del bosque, queremos saber qué te pasa, tú nunca nos has hecho daño ni nos has gritado.
- Pero ahora todo es diferente…, y quiero que me tengáis miedo.
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- ¿Y a qué venís? ¿No sabéis que puedo haceros daño?
- Venimos en nombre de todos los animales del bosque, queremos saber qué te pasa, tú nunca nos has hecho daño ni nos has gritado.
- Pero ahora todo es diferente…, y quiero que me tengáis miedo.
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Su voz era cada vez más fuerte, pero
ninguna de las dos estaba dispuesta a irse sin cumplir su misión.
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- Sal de la cueva, oso Raposo, queremos
verte y hablar contigo.
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Los rugidos, cada vez más cercanos,
indicaron a la lechuza y a la ardilla que el oso estaba saliendo.
-¿Dónde estáis?
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El oso no las veía bien. Las dos se
habían subido a la rama de un árbol cercano, así ellas le podía ver sin
problemas y escapar si era necesario.
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- Oso Raposo, dinos, ¿por qué quieres
darnos miedo?
- Porque así todos me respetaréis.
- Pero, gran oso Raposo, todos en el bosque te queremos y respetamos.
- Porque así todos me respetaréis.
- Pero, gran oso Raposo, todos en el bosque te queremos y respetamos.
-
Me voy haciendo viejo, ya no es como antes, estoy perdiendo vista y me canso.
Ya no soy el gran cazador de antes…, pero no me doy por vencido: si me tenéis
miedo es que todavía soy poderoso.
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La lechuza, al darse cuenta de lo que le
pasaba, se posó en una rama más cercana y mirándole a los ojos le dijo:
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-Gran oso, si nos gritas nos asustas, y
si tenemos miedo nos iremos alejando poco a poco de ti, y si nos alejamos te
quedarás solo. ¿No crees que sería mejor que pidieras ayuda a tus amigos?
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El oso Raposo se sentó, y por la
expresión de su cara se notaba que estaba pensando en lo que le había dicho la
lechuza.
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- No lo había pensado, quizás tengas
razón…, pero quiero seguir siendo el animal más fuerte del bosque.
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Y la ardilla le dijo:
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- Para nosotros siempre serás el gran
oso, no creas que pedir ayuda es señal de debilidad, no: significa demostrar a
tus amigos que confías en ellos.
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El oso Raposo comprendió que la ardilla
y la lechuza tenían razón y a partir de ese día decidió no gritar ni asustar a
nadie. A cambio se encontró con la cueva llena de provisiones para el invierno,
regalo de todos sus amigos del bosque. Se encontró también con muchas visitas
que le hacían buena compañía, unos recordaban los viejos tiempos, otros hacían
planes para el futuro, y entre charla y charla fue pasando el tiempo, y el gran
oso envejecía feliz rodeado de todos los animales, grandes y pequeños.
Aquel invierno el gran oso Raposo
aprendió mucho del significado de la palabra amistad y a menudo recordaba cómo
había estado a punto de perder el respeto y el amor de los que le rodeaban,
creyendo que es más fuerte quien más grita y más se enfada.

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